Empieza el día tocando ukulele.

¿Por qué el ukulele es el instrumento más fácil de aprender?

Por Jana Solorio

 

¿Alguna vez has sentido como algo se transforma en completamente tuyo, algo en lo que nunca te creíste capaz de hacerlo, pero al intentar te consideras estúpida porque no te atrevías antes? Eso es lo que yo sentí cuando empecé a tocar el ukulele.

Te contaré un poco mi historia, era agosto 2019 cuando por azares del destino me aparece en YouTube un tutorial de ukulele, no puedo recordar que tutorial fue, pero recuerdo bien que esa noche no dormí por ver decenas de tutoriales de canciones que amaba, se me ocurre en ese momento ingresar a Amazon (porque en ese momento fue el único sitio en el que pensé) y encuentro uno que podía pagar, pero no lo compré.

Al día siguiente estuve toda la tarde viendo el artículo agregado a mi carrito sin confirmar la orden de compra porque ese dinero que gastaría sería lo último de mis ahorros, era dinero que guardaba para emergencias y era importante decidir en qué lo gastaría, pero sentía miedo. Mucho miedo. La razón de lo que sentía era porque ya había intentado tocar un instrumento, porque con lo poco o mucho desmadre que soy, en años anteriores había intentado tocar el teclado y fallé, decepcionada lo vendí y decidí no volver a comprar un instrumento, pero dos años después decido comprarme una guitarra “Todo el mundo toca una guitarra” me dije, pero no es verdad, sinceramente no todo el mundo tiene la suficiente habilidad para tocarla y aunque estuvo conmigo un año nunca pude ni siquiera sacar una canción y, ¿qué crees? nuevamente me sentí una total fracasada y la vendí y prometí, de nueva cuenta, nunca comprar un instrumento.

Algo muy importante en esta historia es que yo sufro de trastorno de ansiedad generalizada y ya más que un trastorno es parte de mi personalidad y es algo con lo que aprendo a vivir día a día. ¿Qué significa esto? Que mi paciencia es del tamaño de una nuez y cualquier cosa nueva que intento tiene quince veces más probabilidades que lo deje que cualquier otra persona, en parte atribuyo esto a mis habilidades decepcionantes con el teclado y la guitarra. Fue por eso que esa misma semana me acerqué a mi amigo músico (porque claro que todos tenemos un amigo músico de confianza) y le pregunté la misma pregunta que tú me haces en este momento ¿es en serio que el ukulele es el instrumento más fácil de aprender? ¿podré lograrlo? ¿Será bueno gastar mis últimos ahorros en algo que ni siquiera sé si pueda lograr? A lo que el simplemente respondió “Cualquier dinero que gastes en aprender algo nuevo, nunca va a ser dinero malgastado. Puedes hacerlo”. Y en ese mismo momento pude dar click en confirmar compra.

Llegó mi ukulele después de tres largas semanas de espera, lo vi y sé que fue amor a primera vista. Era tan pequeño, tan hermoso y desafinado jajaja me tomó toda la tarde aprender a afinarlo, pero al día siguiente estaba lista.

A la mañana siguiente tome mi ukulele a quien nombre “Haley”, tomé una vieja libreta para anotar las canciones y puse un video tutorial y la canción que aprendí fue la de “City of stars” de la película de Lalaland. Una persona sin ansiedad a lo mejor hubiera aprendido primero a rasguear, hubiera aprendido los acordes básicos, hubiera practicado ejercicios para mejorar su técnica, pero yo no. Yo soy una persona muy desesperada que quería ya tocar una de mis canciones favoritas y estuve días y días practicando y practicando hasta que salió algo que podría llamar “decente”.

Recuerdo que en esos momentos ni siquiera me importaba si salía bien o mal, estaba súper contenta porque como sea estaba saliendo ¡Estaba tocando! Por fin estaba haciendo música algo en lo que creí nunca podía hacer y cuando terminé la canción fui a mostrarsela a mi madre (quien por cierto ni siquiera sabía que había comprado un ukulele). Toqué la canción en frente de mi madre y al terminar dejé el ukulele en la mesa y me empezaron a temblar las manos. No sabía porque temblaba, a lo mejor fue pánico escénico, a lo mejor fue la emoción de por fin darme cuenta que tenía un dote musical aunque fuera mínimo. Incluso en ese momento mi ansiedad estaba en paz, mi voz de la ansiedad decía “¡Ok! Lo hiciste. Muy bien”. Y desde entonces no paré.

 

Ahora cada vez que mi ansiedad me habla, me quiere molestar y me dice que algo anda mal, tomo a Hal y me pongo a tocar, que con el simple sonido de las cuerdas que produce mi bello ukulele dejo de escuchar la ansiedad y puedo escucharme, puedo escuchar mi voz real, mi voz tranquila.  Es una satisfacción verdaderamente increíble el practicar una canción y darme cuenta de que sí soy capaz de aprender cosas nuevas y desde entonces no he parado, pienso que si aprendí a tocar un instrumento musical tan cautivador puedo aprender nuevas cosas y me he impuesto nuevos retos. Y todo gracias a Hal.

 

Desde entonces cada mañana me tomo mi té y me pongo a tocar una canción para empezar bien mi día, desde entonces mis tristezas, preocupaciones y miedos se borran con cada acorde que toco y agradezco que mi amigo me haya alentado a gastarme esos últimos centavos que me quedaban porque nada vale más la pena que ese sentimiento de bienestar que ningún medicamento y ninguna terapia me han podido dar. Desde entonces me enamoré de Hal y es mi mejor amiga.

Si me preguntas por qué el ukulele es el instrumento más fácil de aprender te lo podría resumir en cuatro simples palabras: porque yo aprendí a tocarlo.

 

Pd. La primera foto es de cuando llegó mi ukulele. 

 

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