Ukulele en cuarentena.

Otra noche sin dormir, porque a mirar el celular hasta muy tarde, dar vueltas en la cama y
despertar hasta con el menor de los ruidos no puede llamarse dormir. La noche ha sido mala, la noche ha sido la misma que las veinte noches anteriores.
Ukulele en cuarentena.

¿CÓMO ES ESTE 2020 CUANDO EL MUNDO ENFRENTA EL CORONAVIRUS O COVID-19?

Hola, con mucho gusto te mando mi texto.
Me ha encantado escribirlo más que por ganar porque ha sido un ejercicio casi catártico.
Te mando saludos esperando que te sigas encontrando bien

Otra noche sin dormir, porque a mirar el celular hasta muy tarde, dar vueltas en la cama y
despertar hasta con el menor de los ruidos no puede llamarse dormir. La noche ha sido mala, la noche ha sido la misma que las veinte noches anteriores.
Me despierto, ¿qué hora es? ¿qué día es? No lo sé, pero igual creo que no importa mucho, ni que fuera a hacer algo en especial si fuera viernes o sábado, es el domingo interminable, el sueño de muchos vuelto realidad, bien dicen que has de tener cuidado con lo que deseas.
Trato de levantarme con ánimos, me imagino a mí misma yendo a la sala a hacer alguna rutina de ejercicios que encuentre en el youtube, desayunando fruta miel y cereal, bañándome y poniéndome linda para continuar con el resto de actividades programadas para este día, porque ¡vamos! hay tiempo para hacer lo que siempre deseé hacer y no pude hacer porque no había tiempo: limpiar, fregar, coser, bordar, cocinar, hornear, acomodar, leer o estudiar… pero no, hoy no puedo, hoy tampoco puedo, ni siquiera puedo levantarme de la cama y aunque no quiero, lo hago. Voy dando de tumbos hasta llegar al refrigerador y lo abro no por hambre, si no por costumbre, me le quedo mirando al interior como si alguien de dentro fuera a hablarme o animarme, pero nada.
Por fin me siento en el sillón de la sala, cerca están mi computadora, la televisión, el celular, el libro sobre la mesita, nada me apetece. Mi cabeza estalla en mil pensamientos negativos, la maraña de preocupaciones que invade mi cerebro se adueña de mí, el silencio es abrumador y pienso en los que más quiero y que están lejos… a punto de llorar y como sabiendo lo que estaba pasando, siento como una superficie fría toca mi antebrazo, no me había dado cuenta que estaba ahí cuando me senté, porque sí estaba ¿verdad? ¿o no? Claro que sí, porque ¿de qué otra forma habría aparecido el ukulele?
Todavía un poco sorprendida por la “aparición” lo tomo, está lindo, está frío, la sensación me agrada, aún no sé tocarlo pues fue un regalo de cumpleaños que me hicieron hace poco, unos cuantos tutoriales, videos, recomendaciones, ejercicios, pero no sé más, aun así me lo cuelgo por impulso porque es como si me lo estuviera pidiendo y entonces parece como si el ukulele me abrazara, lo siento cerca del corazón, lo rodeo con mis brazos y de pronto mi mente de despeja, es como si alguien hubiera espantado la nube gris que yacía sobre mí. Decido, casi inconscientemente comenzar a practicar, acomodo los dedos de mi mano izquierda y siento la fuerza que puedo imprimir en ellos, siento las
cuerdas tensas, retadoras. Ahora mi mano derecha las hace vibrar… el sonido invade no solo la habitación, si no todo mi cuerpo, siento como ese pequeño sonido retumba y se lleva el enojo, la preocupación, la angustia y el estrés.
De pronto la rutina deja de ser rutina porque tiene algo nuevo en lo que mi mente se mantiene ocupada, mis manos se ponen a prueba y no quiero dejar de escuchar los sonidos que produzco y que vibran cerca de mi pecho acompañándome y cantándome un bajito, pero muy convincente “todo va estar bien” y entonces… por fin siento que
despierto de verdad.

 

IRMA FABIOLA FLORES SÁNCHEZ
CIUDAD DE MÉXICO, 14 DE ABRIL DE 2020

  

0 comments

SUCURSALES
TOQUEMOS JUNTOS UKULELE